Si en las últimas semanas has abierto Outlook en tu ordenador de trabajo y te ha recibido una interfaz distinta, más plana y con un botón de Copilot en la esquina, no es cosa tuya: Microsoft ha empezado a hacer del nuevo Outlook la opción por defecto para la mayoría de los usuarios. Y no, no es un rediseño más. Es el primer paso serio hacia el final del Outlook que llevamos usando desde hace más de veinte años.
Por qué tu Outlook cambió (o está a punto de hacerlo)
El "Outlook clásico" que conoces —ese que arranca como un programa independiente de Windows— y el "nuevo Outlook" no son la misma aplicación con otro traje. Por dentro son cosas completamente distintas. El clásico es lo que se llama una aplicación Win32, construida con tecnología de hace décadas. El nuevo está hecho con WebView2, que en la práctica significa que funciona más como una página web empaquetada dentro de un programa de escritorio. Por eso arranca distinto, se actualiza distinto y, sobre todo, se comporta distinto: es más ligero, pero también más limitado en algunas cosas que llevas años dando por hechas.
Microsoft ha planteado el cambio en tres fases. La primera, la de "opt-in", es la que llevamos viviendo desde hace tiempo: podías probar el nuevo Outlook si querías, pero el clásico seguía siendo el de siempre. Desde abril de 2026 entramos en la fase de "opt-out": el nuevo Outlook pasa a ser la opción por defecto para la mayoría, aunque todavía se puede volver atrás si algo no te convence. La tercera fase, la del apagón definitivo del Outlook clásico, todavía no tiene fecha oficial.
Lo que sí sabemos, porque lo dice Microsoft en su propia documentación de soporte, es que si tienes Outlook a través de una suscripción de Microsoft 365 o de una licencia perpetua tipo Office LTSC, el clásico seguirá recibiendo soporte y actualizaciones de seguridad al menos hasta 2029. Así que nadie te va a dejar tirado la semana que viene.

Lo que gana el nuevo Outlook (y no es poco)
Donde el nuevo Outlook sí que marca diferencia es en todo lo relacionado con Copilot, el asistente de inteligencia artificial de Microsoft. Según la propia matriz de comparación de características que Microsoft mantiene actualizada, el nuevo Outlook incorpora capacidades que el clásico no tiene o tiene de forma más limitada, como programar una reunión directamente desde una conversación de correo sin salir del hilo, o generar un resumen automático de una reunión con Outlook. A eso se suman funciones que ya comparten ambas versiones, como redactar correos con Copilot ajustando tono y extensión, pedirle consejo sobre cómo mejorar un mensaje antes de enviarlo, o resumir un hilo de correo eterno en dos líneas.
También hay mejoras que no tienen que ver con IA: una vista de calendario pensada para mostrar tu horario de trabajo y tu ubicación, la posibilidad de programar eventos presenciales, seguir una reunión sin haber sido invitado formalmente, o conservar en el calendario las reuniones que has rechazado en lugar de que desaparezcan sin más.
Lo que todavía no puede hacer (o hace peor)
Aquí está la parte que conviene mirar antes de que el cambio te pille por sorpresa. El nuevo Outlook, a día de hoy, no admite macros VBA (secuencias de comandos escritas en Visual Basic for Applications que permiten automatizar tareas repetitivas en Microsoft Office), complementos COM (programas o extensiones secundarias que se integran en aplicaciones de Microsoft Office) ni formularios personalizados, algo que sigue siendo importante en bastantes departamentos que llevan años automatizando tareas con esas herramientas. Tampoco permite acceder a archivos guardados en una carpeta compartida de red, ni conectarse a un sitio de SharePoint desde dentro de la propia aplicación. El trabajo sin conexión funciona, pero de forma parcial. Y si tienes archivos .pst con años de correo acumulado, la compatibilidad todavía es limitada, aunque Microsoft ya está ampliándola poco a poco.
Nada de esto es motivo de pánico, pero sí un buen motivo para no cambiar a ciegas si tu día a día depende de alguna de estas piezas.
Entonces, ¿cambio ya o espero?
Si usas Outlook para lo básico —correo, calendario, alguna reunión— probablemente ni notarás la diferencia más allá de la interfaz, y aprovecharás funciones de Copilot que hacen la vida un poco más cómoda. Si tu trabajo depende de macros, complementos antiguos o archivos PST voluminosos, tiene sentido quedarte en el clásico un tiempo más y probar el nuevo Outlook en paralelo, sin prisa, hasta que esas piezas encajen.
Lo importante es no llegar al día del cambio obligatorio sin haberlo probado ni una vez. Ábrelo, cotillea el menú de Copilot, mira si tus complementos siguen ahí. Cuanto antes sepas en qué grupo estás, mejor.