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Vibe coding: la nueva forma de crear apps hablando con la IA (y lo que nadie te cuenta)

Describir lo que quieres construir y dejar que la IA escriba el código: así funciona el vibe coding, la tendencia que está cambiando cómo se programa en 2026. Qué es, qué herramientas se usan y por qué conviene no perder de vista el código que genera.

Vibe coding: la nueva forma de crear apps hablando con la IA (y lo que nadie te cuenta)

Hace un año nadie usaba la palabra «vibe coding». Hoy es uno de los términos que más se repiten en cualquier conversación sobre desarrollo de software, y no exagero si digo que ha cambiado la forma en la que miles de personas —programadoras y curiosas por igual— se acercan a crear una aplicación. Si últimamente lo has visto por todas partes y no tienes muy claro de qué se trata, aquí te lo explico sin rodeos.

Qué es el vibe coding, en cristiano

El término lo acuñó Andrej Karpathy, cofundador de OpenAI y antiguo director de IA en Tesla, en un tweet publicado en febrero de 2025 que se hizo viral casi al instante. Lo describió como «dejarte llevar por las vibras, abrazar los exponenciales y olvidar que el código existe». Dicho de forma menos poética: en vez de escribir cada línea de código a mano, le describes a una IA, en lenguaje normal, lo que quieres construir —«una web para reservar citas con calendario y pagos»— y es ella quien genera el código. Tú revisas el resultado, pides ajustes por conversación y vas iterando hasta que la aplicación funciona como querías.

No es programar sin saber programar del todo, aunque para prototipos rápidos casi lo parece. Es delegar la parte mecánica de escribir código en una IA y quedarte tú con las decisiones: qué construir, cómo debe comportarse y, sobre todo, qué revisar antes de dar nada por bueno.

Las herramientas que lo han hecho posible

Detrás del vibe coding hay un puñado de herramientas que han madurado muy rápido en el último año y que probablemente te suenen si sigues el mundo de la IA:

  • Cursor, un editor de código pensado desde cero para trabajar con IA, con un modo de conversación («Composer») que permite ir construyendo funciones enteras a base de instrucciones.
  • Bolt.new, que te deja levantar una aplicación completa (frontend y backend) directamente desde el navegador, sin instalar nada.
  • v0, de Vercel, especializado en generar interfaces con React y Tailwind a partir de una descripción en texto.
  • Lovable, orientada a quien no quiere ver una sola línea de código y prefiere una interfaz visual.
  • Replit y GitHub Copilot, que llevan más tiempo en el mercado y han ido incorporando cada vez más capacidades de este estilo.

Todas comparten la misma idea de fondo: bajar la barrera de entrada para pasar de una idea a un prototipo funcional en horas, no en semanas.

Por qué se ha vuelto tan popular

El interés no es casualidad. El desarrollo asistido por IA lleva un par de años creciendo con fuerza, y en 2026 son ya mayoría los desarrolladores que usan este tipo de asistentes en su trabajo diario, según varios informes del sector centrados en el ecosistema de startups y desarrollo (Ecosistema Startup). Para quien quiere validar una idea de negocio, montar un prototipo para enseñar a un cliente o simplemente automatizar una tarea sin depender de un equipo técnico, la promesa es evidente: menos tiempo, menos coste y una barrera de entrada mucho más baja que hace unos años.

Karpathy le puso un matiz, casi un año después

Es llamativo que, casi un año después de popularizar el término, algunos medios especializados del sector recojan ya declaraciones del propio Karpathy hablando de un concepto distinto: la «ingeniería agéntica» (agentic engineering). La diferencia importa. El vibe coding, tal y como él lo planteó originalmente, vale para prototipos de fin de semana, scripts personales o experimentos rápidos donde no revisas el código a fondo. La ingeniería agéntica describe algo más serio: usar agentes de IA que planifican, escriben, prueban y depuran código, pero bajo la supervisión de alguien que sigue siendo responsable de la arquitectura y de que todo funcione bien en producción.

La distinción no es solo semántica. Marca la diferencia entre «esto funciona en mi prototipo» y «esto es seguro para que lo use gente de verdad».

Lo que nadie te cuenta: los riesgos

Aquí viene la parte que muchas publicaciones se saltan. Que una IA genere código que funciona no significa que ese código sea bueno, seguro o mantenible. Los riesgos más habituales que señalan quienes lo usan a diario son:

  • Código que «funciona» pero esconde fallos de seguridad que no se detectan a simple vista, sobre todo en cosas como la gestión de contraseñas, permisos o conexiones a bases de datos.
  • Deuda técnica invisible: código que nadie entiende del todo porque nadie lo escribió realmente, lo que complica corregirlo o ampliarlo más adelante.
  • Dependencia excesiva de la herramienta, que puede dejarte bloqueado si necesitas resolver un problema que la IA no sabe abordar.
  • Falsa sensación de dominio técnico: construir algo que funciona no es lo mismo que entender por qué funciona, y esa diferencia se nota en cuanto algo se rompe.

Consejos si quieres probarlo

Si te apetece experimentar con vibe coding —y merece la pena hacerlo, aunque solo sea para entender hacia dónde va el desarrollo de software—, unas cuantas ideas prácticas:

  1. Úsalo para prototipos y pruebas de concepto, no para lo que vaya a manejar datos reales de clientes o pagos sin que antes lo revise alguien con criterio técnico.
  2. Lee el código que genera, aunque no lo entiendas del todo. Con el tiempo empiezas a reconocer patrones y a detectar cuándo algo no cuadra.
  3. Pide explicaciones a la propia IA. Preguntarle «por qué has hecho esto así» suele sacar a la luz decisiones que convendría revisar.
  4. Antes de pasar cualquier cosa a producción, exige lo de siempre: pruebas, revisión de seguridad y que alguien con experiencia le eche un vistazo.
  5. No confundas velocidad con calidad. Ir rápido está bien para validar una idea; para algo que va a durar, la prisa sale cara.

En resumen

El vibe coding ha democratizado algo que hasta hace poco parecía reservado a quien sabía programar: convertir una idea en algo funcional en cuestión de horas. Es una herramienta potente y, usada con cabeza, puede ahorrarte muchísimo tiempo. Pero como toda herramienta que hace las cosas más fáciles, también facilita cometer errores más rápido. La clave no está en elegir entre programar «a la antigua» o dejárselo todo a la IA, sino en saber cuándo tiene sentido cada enfoque.

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